El error silencioso que está poniendo en riesgo a las empresas en Colombia: así funcionan las nuevas pruebas de ciberataque
Expertos advierten que una mala configuración en los sistemas de seguridad puede pasar desapercibida durante meses y abrir la puerta a ataques críticos, incluso en organizaciones que ya cuentan con tecnología avanzada de protección.
Colombia, abril 14 de 2026 – A pesar de que muchas empresas invierten en herramientas avanzadas de ciberseguridad, un error aparentemente menor en la configuración de los sistemas puede abrir la puerta a ataques críticos. Este tipo de fallas silenciosas se están convirtiendo en una de las principales vulnerabilidades para las organizaciones en América Latina.
Para entender cómo funciona este tipo de vulnerabilidad, especialistas en ciberseguridad realizaron recientemente una simulación controlada de ataque en una empresa de la región. Todo parecía funcionar con normalidad. Los sistemas estaban encendidos, los procesos corrían como todos los días y no había señales de alerta. Pero dentro de esa aparente calma, un error invisible ya estaba haciendo su trabajo. Se trataba de una empresa latinoamericana que, como muchas otras, había invertido en tecnología de ciberseguridad avanzada. Contaba con herramientas robustas, licencias vigentes y protocolos establecidos. Sin embargo, algo estaba mal configurado, y eso fue suficiente.
Pero esta vez no se trataba de un ataque real. Era una simulación controlada, autorizada por la propia empresa para poner a prueba sus sistemas antes de que un atacante real pudiera hacerlo. “El ejercicio fue diseñado bajo un esquema de simulación controlada, con autorización formal de la alta dirección y un alcance previamente definido. El equipo técnico de la organización sabía que sería evaluado, pero no conocía el momento ni la metodología específica, replicando así un escenario realista.”, señala Estuardo Alegría, Gerente de Servicios Profesionales de SISAP.
No se trató de reaccionar ante el ataque, sino de razonar como quien ataca, haciendo un ejercicio de ethical hacking autorizado, diseñado precisamente para anticiparse a ese escenario. En este punto entra una figura clave: el red team (simuladores de amenaza), un especialista en ciberseguridad que simula ataques contra una organización con el objetivo de identificar vulnerabilidades. No es un hacker criminal, es un profesional que pone a prueba los sistemas desde la perspectiva del atacante para fortalecerlos.
De acuerdo con cifras de Colombia Fintech, las organizaciones en el país enfrentan más de 2 mil 800 ciberataques semanales, un nivel de exposición que supera ampliamente el promedio mundial y que plantea riesgos crecientes para economías en proceso de digitalización como la colombiana.
La conclusión fue contundente: no importa si tienes el sistema más avanzado y costoso del mercado; una mala configuración puede derribarlo todo. Este escenario no es aislado. El Data Breach Investigations Report 2025 (DBIR) confirma que el riesgo no proviene únicamente de actores externos: aproximadamente el 60% de las brechas involucran el factor humano, incluyendo errores operativos y configuraciones inadecuadas. Es decir, la tecnología puede ser sólida, pero si la gestión interna falla, la puerta queda abierta.
Ese ejercicio dejó en evidencia un problema más profundo: el falso sentido de seguridad. Durante años, muchas organizaciones han confiado en una idea que hoy ya no es suficiente: “tenemos antimalware de última generación, estamos protegidos”. La realidad es distinta. Las amenazas actuales no se comportan como amenazas tradicionales. Actúan como usuarios legítimos: ingresan, avanzan dentro del sistema, observan sin limitaciones de tiempo, esperan el momento adecuado y actúan sin levantar sospechas.
Pensar como el atacante implica identificar vulnerabilidades antes de que alguien más lo haga y cuestionar constantemente aquello que “parece estar funcionando bien”. Porque cuando el ataque se concreta, el impacto va mucho más allá de lo técnico. Las consecuencias se sienten en todo el negocio y uno de los impactos más críticos es el financiero: días o incluso semanas sin operar, decisiones críticas tomadas bajo presión, costos ocultos que aparecen con el tiempo y una pérdida de confianza que afecta tanto al interior de la organización como a su entorno.


